viernes, 27 de agosto de 2010

BARROCOFACE




La televisión estupidiza, no hay nada creativo ni educativo. Esta tradicional postura apocalíptica y adorniana (de Theodor, no de ornamento) se escucha mucho, se cree mucho, se vive mucho. Hay, sin embargo, un personaje contrarevolucionario oculto, como en un gran caballo de Troya catódico. El arte que profesa –vaya arte, vaya que lo profesa-, es un arte planteado para ser disuelto en la sociedad, no conjurado en una torre de marfil como plantearan aquellos vanguardistas de principio de siglo XX. No es un arte elitista, que sea solo para exégetas. “Yo soy un artista y el pueblo me quiere por eso” remarcó en repetidas ocasiones. Como todo gran artista, también es incomprendido por algunos críticos de cierto renombre en el ambiente: “Mirá, a mí lo que me diga la niña Loly me chupa un huevo”, declaró en su momento cerrando el acalorado debate sobre si el arte debe o no ir acompañado de un proyecto político que lo sustente.
Tanto quiso llevar el arte al extremo que eligió su propio cuerpo como obra de arte total, convirtió su cara en el máximo exponente del grotesco, resultando así una - tan metafórica como literal- operación casi imposible de ver sin recordar esos escritos que tan bien nos trae Bajtin sobre el carnaval medieval de Rabelais. Su rostro es definitivamente barroco, y en eso de llevar el arte a las masas, él es único, “cada vez que vean mi cara, quiero que piensen en el grotesco, creo que lo logré ¿no?” “Aunque sea lo intento, porque si no lo intentamos nosotros los artistas, quien lo hará”.

jueves, 5 de agosto de 2010

PALABRAS MÁS, PALABRAS MENOS...

El mundo de la palabra. Palabra informativa. La palabra informa, no forma, no transforma. Informa todo el tiempo nadie sabe muy bien qué, nadie sabe muy bien para qué. La palabra hija de la repetición (industrial, mecánica, muerta) se sale del yo y del nosotros colectivo para cobrar autonomía en los aparatos informativos. Todo se muestra, todo se dice, todo se escribe. No digo, no muestro, no escribo. No decimos, no mostramos, no escribimos Está en el éter, es virtual, capturada por el medio técnico y reproducida como cinta sinfín. Libertad, pobreza, lucha, política, amor. Las palabras no son, parecen, imitan. Llevan al paroxismo su función representativa, representan una representación que es farsa de lo que fue, dejando yermo el territorio del sentido.


Los dejamos con Bertolt Brecht, quién nos invita a colmar de vida nuevamente el sentido de las palabras.

"Lo peor: cuando las cosas van echando costra en las palabras, se endurecen, lastiman al arrojarlas y caen muertas alrededor. Entonces hay que aguijonearlas, desollarlas, ponerlas furiosas; es preciso alimentarlas y sacarlas del caparazón, silbarles, acariciarlas y pegarles, llevarlas en el pañuelo, adiestrarlas. Tenemos ropa interior propia y de vez en cuando la lavamos. Al no tener palabras propias, nunca las lavamos. En el principio no era la palabra. La palabra está al final."

Septiembre 6, 1920