miércoles, 13 de octubre de 2010

En (de)Construcción

















La película En Construcción del año 2001, de José Luis Guerín, trata sobre la reconstrucción de un edificio en un barrio pobre de Barcelona. Todo el film transcurre en el Barrio del Raval –antes conocido como El Chino-, y el epicentro de la película es la destrucción/construcción del inmueble.

Los personajes que aparecen representan el pasado y el presente de la vida en el barrio, y es a partir de ellos que se reflexiona sobre el tiempo y la memoria, sobre la historia de esta mutación. A lo largo de la película se va estableciendo un diálogo entre lo viejo y lo nuevo, la realidad y el propio medio, la memoria y el olvido, lo perecedero y lo imperecedero, los antiguos habitantes y los nuevos.

La sociabilidad del inmueble va evolucionando. En un principio, cuando se procede a la demolición del interior -ya que la fachada en una primera instancia se conserva-, el edificio es espiado desde las ventanas de los edificios vecinos. Cuando se inician las obras de construcción, son un punto de reunión comunitario, los jubilados y los niños de camino al colegio miran los trabajos, y las obras rompen la rutina del barrio y forman parte de la vida de sus habitantes.

Principalmente sucede esto con el descubrimiento de las catacumbas romanas, cuando todo el barrio se acerca a observar a los arqueólogos trabajando. Cuando vuelve a tener una estructura asegurada, el inmueble va de a poco abandonando la vida del barrio para crear su propia intimidad. Esta intimidad se consolida plenamente a partir de que empiezan a aparecer los nuevos inquilinos, el edificio pasa de ser un lugar que ha pertenecido a la vida de todos para ser el refugio de pocos. Estos nuevos moradores aparecen en el filme con el edificio a punto de terminar, y son pertenecientes a clases más acomodadas que los ‘protagonistas’ de la película. Cuando estos nuevos dueños van a ver los departamentos, hay muchas escenas donde aparecen junto a los personajes de la película (antiguos moradores y obreros), pero ahora la voz la tienen solo los nuevos dueños, los protagonistas del film son prácticamente invisibles para los nuevos propietarios, pero no para nosotros (los espectadores), que ya los conocemos, conocemos sus historias, sus vidas. Decimos entonces que en este momento los obreros no tienen voz, que la voz esta en los otros, en lo que para nosotros son los otros, ya que hasta ese momento la voz la tuvieron los obreros y los vecinos del barrio. Estos nuevos personajes mantienen solamente charlas triviales y presentan intereses que podrían tildarse de superfluos: las rejas para cercar el edificio, la viste fea del barrio, el inconveniente estético que presenta para el paisaje urbano la ropa tendida en los balcones de los vecinos, la insolación y la fealdad de los vecinos. De las conversaciones sobre la soledad y el sentido de la vida entre Santiago y Aziz, pasamos a conversaciones sobre si en determinado ambiente del piso entra la suficiente luz, de las charlas entre el encargado y su hijo sobre la problemática transmisión de un oficio de generación en generación, pasamos a pláticas sobre la conveniente colocación de determinadas cortinas.

Con la construcción/destrucción se van borrando las huellas, los rastros de las personas que pasaron por ahí. Los escritos en las paredes, tanto los antiguos como los recientes realizados por los chicos, son una metáfora de cómo la modernización parece intentar borrar todas las marcas de lo antiguo, de lo que -como nos muestran al inicio del film-, fue en otra época próspero.

El trabajo de Guerín puede ser una forma de, como dice Benjamín, pasarle el cepillo a contrapelo a la historia.

1 comentario:

  1. La película En Construcción del año 2001, de José Luis Guerín, trata sobre la reconstrucción de un edificio en un barrio pobre de Barcelona. Todo el film transcurre en el Barrio del Raval –antes conocido como El Chino-, y el epicentro de la película es la destrucción/construcción del inmueble.
    Los personajes que aparecen representan el pasado y el presente de la vida en el barrio, y es a partir de ellos que se reflexiona sobre el tiempo y la memoria, sobre la historia de esta mutación. A lo largo de la película se va estableciendo un diálogo entre lo viejo y lo nuevo, la realidad y el propio medio, la memoria y el olvido, lo perecedero y lo imperecedero, los antiguos habitantes y los nuevos.
    Hay una meditación que debería producir -en este caso diríamos produce- el extrañamiento necesario para dar lugar a otra mirada, una mirada que resulta honesta y melancólica. Se intenta operar, así, sobre nuestra conciencia. Guerín incluye la observación como forma de reflexionar, como estrategia que permiten lo reflexivo, esto lo vemos por ejemplo en que en algunos momentos la presencia de la cámara es comparable a lo que, teóricamente, podría experimentar un auténtico observador.
    A lo largo de la película la sociabilidad del inmueble va evolucionando. En un principio, cuando se procede a la demolición del interior -ya que la fachada en una primera instancia se conserva-, el edificio es espiado desde las ventanas de los edificios vecinos. Cuando se inician las obras de construcción, son un punto de reunión comunitario, los jubilados y los niños de camino al colegio miran los trabajos, y las obras rompen la rutina del barrio y forman parte de la vida de sus habitantes.
    Principalmente sucede esto con el descubrimiento de las catacumbas romanas, cuando todo el barrio se acerca a observar a los arqueólogos trabajando. Cuando vuelve a tener una estructura asegurada, el inmueble va de a poco abandonando la vida del barrio para crear su propia intimidad. Esta intimidad se consolida plenamente a partir de que empiezan a aparecer los nuevos inquilinos, el edificio pasa de ser un lugar que ha pertenecido a la vida de todos para ser el refugio de pocos. Estos nuevos moradores aparecen en el filme con el edificio a punto de terminar, y son pertenecientes a clases más acomodadas que los ‘protagonistas’ de la película. Cuando estos nuevos dueños van a ver los departamentos, hay muchas escenas donde aparecen junto a los personajes de la película (antiguos moradores y obreros), pero ahora la voz la tienen solo los nuevos dueños, los protagonistas del film son prácticamente invisibles para los nuevos propietarios, pero no para nosotros (los espectadores), que ya los conocemos, conocemos sus historias, sus vidas. Decimos entonces que en este momento los obreros no tienen voz, que la voz esta en los otros, en lo que para nosotros son los otros, ya que hasta ese momento la voz la tuvieron los obreros y los vecinos del barrio. Estos nuevos personajes mantienen solamente charlas triviales y presentan intereses que podrían tildarse de superfluos: las rejas para cercar el edificio, la viste fea del barrio, el inconveniente estético que presenta para el paisaje urbano la ropa tendida en los balcones de los vecinos, la insolación y la fealdad de los vecinos. De las conversaciones sobre la soledad y el sentido de la vida entre Santiago y Aziz, pasamos a conversaciones sobre si en determinado ambiente del piso entra la suficiente luz, de las charlas entre el encargado y su hijo sobre la problemática transmisión de un oficio de generación en generación, pasamos a pláticas sobre la conveniente colocación de determinadas cortinas.
    Con la construcción/destrucción se van borrando las huellas, los rastros de las personas que pasaron por ahí. Los escritos en las paredes, tanto los antiguos como los recientes realizados por los chicos, son una metáfora de cómo la modernización parece intentar borrar todas las marcas de lo antiguo, de lo que -como nos muestran al inicio del film-, fue en otra época próspero.

    ResponderEliminar