Te vi, girada la espalda. Recortada contra el rosa pálido de la pared tan como si nada. Te vi ocho años antes, con el pelo cayendo sobre tus espaldas, espeso como esas lluvias copiosas de tormenta de verano. Desde la otra punta de la habitación, por un instante como un fantasma, tu figura se apareció allí tan ya no más, extrañada del hoy, pero inconfundiblemente vos. Y con vos ya no más, las camas en ele; el equipo sobre el roperito rosa, tan pálido como la pared que te recorta; las paredes de la piecita pintadas del rock del país y toda la historia de nuestra vida como nosotros. El patio ruidoso, el portón de chapa celeste, el recorte de cielo y sol entrando por la ventana, que deja mirar eso tan nuestro y tan otro al mismo tiempo.
Tu espalda, los sábados de riff de guitarra y voces de humo y alcohol llenando el aire; los domingos medio día; las siestas amorosas; el fútbol por la radio; los lunes despedida.
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