Dos son los peligros principales que se le presentan a la memoria.
El primero es caer en la nostalgia por épocas mejores, no hay épocas felices atrás nuestro, nunca las hubo. A veces si conviene ir para atrás para saber como se fue constituyendo este entramado del presente en el que vivimos. A veces conviene tomar una época pasada para que sirva de claroscuro, de contraluz. Pero solo el extrañamiento nos podrá dar lugar a otras miradas. Lo fundamental es asumir que cada época ha tenido sus propios problemas, antes tuvieron los suyos, nosotros tenemos los nuestros y seguramente en el futuro habrá otros. Pero la nostalgia es una operación sentimental conservadora y reaccionaria. Diferente sí, es la mirada melancólica que nos ayuda a humanizar las cosas.
El segundo peligro es la sensación de que no hay salida a la actual situación histórica. Pero el futuro nunca esta dado de antemano, es creación social. Por supuesto hay que diferenciar en esa creación lo que corresponde a las dosis habituales de ilusión y lo que se corresponde con una esperanza sostenida en acciones. La ilusión dura poco, la esperanza es un principio activo, una operación que fomenta actividades colectivas.
A veces, alguna gente, cuando toma conciencia de la condición actual de la humanidad, supone que quizás sería mejor volver a tiempos más sencillos sucedidos en el pasado. Pero eso son solo imágenes de fuga. El progreso nunca nace de la renuncia.
Cada ser está acompañado, hay que radicalizar la idea del vínculo y refutar la soledad. Simplemente es intentar vivir de otra manera, tenemos que recuperar la voluntad de creer.
Hay que asumir el desafío, y desafiar es, etimológicamente, perder la fe. Y este presente es un desafío, pero un desafío para volver a creer. Hoy la historia no es historia, hoy la historia es destino. Hay que luchar por nuestra utopía, y la utopía es, precisamente, esa función a través de la cual reencontramos, colectivamente, una motivación, una fuerza motivadora universal. Y ojo con pensar que esto sería hacer una gran revolución -por lo menos no revolución en el sentido clásico-, como decía Nietzsche los acontecimientos que cambian el mundo caminan con pies de paloma.
Hubieron tiempos pasados que fueron mucho mejores. Tiempos que al igual que la humanidad se fueron deformando, hasta el punto que una caballerosidad o cortesía pueden resultar ridículos. El presente nos trajo cierta flexibilidades humanitarias en las que coincido, pero me parece que el pasado dejó próceres y gente que merece ser recordada y tomada como ejemplo, porque hay tiempos pasados que deberían ser presente SIEMPRE y este presente que vivimos no está dejando un buen pasado para el futuro. PM
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